jueves, 24 de noviembre de 2016

Lo que dice la ciencia sobre los "límites" del humor


Interesantísimo artículo firmado por Antonio Martínez Ron para vozpopuli.com en el que habla de los "límites" del humor. 

Lee el artículo aquí.

Entrevista a Juanjo Sáez en RTVE


Juanjo Sáez es entrevistado por Jesús Jiménez, responsable de la sección 'Viñetas y bocadillos' de RTVE con motivo del 10º aniversario y nueva edición de su libro El arte. Conversaciones imaginarias con mi madre.

Sáez defiende que "el arte es un lenguaje emocional". Podéis leer la entrevista aquí.

martes, 23 de agosto de 2016

Entrevista a Jorge Riera "Putokrío"


Jorge Riera es un guionista polifácetico y pluriempleado que no deja nunca de trabajar en todo lo que se le pone por delante. Pero en cuanto tiene un momento, Jorge Riera deja sus trabajos en series de animación y revistas de humor para transformarse en Putokrío. Un alter ego crítico y dramático, a la par que gracioso, con el que intenta dar rienda suelta a su creatividad y, sobre todo, "espantar sus demonios"


A Jorge Riera se le podría definir como un hombre auténtico, de esos que no ocultan nada tras su piel, que van siempre de cara y tienen como objetivo vital el ser sí mismos. Un "verso suelto" que podrían decir algunos. Pero no tiene pinta de que él se pare mucho a pensarlo, tiene demasiadas cosas que hacer y de las que preocuparse para pensar si es único o si es un tío muy normal.
Si te dedicas a guionizar desde series como Camera Café u Hora de Aventuras a historietas para Mongolia, el tiempo y la energía que le queda a tu mente para pensar en la verdad del ser humano puede ser bastante poco.

Sabiendo un poco de su forma de ser y de actuar, es más fácil entender por qué en un momento de su vida, así porque sí, decidió inventarse un alter ego que se llamase Putokrio. No le bastó con crearlo sino que decidió hacerle pulular por los montajes, la animación televisiva, las viñetas y hasta la edición con una novela gráfica protagonizada por este mismo personaje. Lo hizo porque en ese momento «le salía de los cojones», como él mismo confiesa.

La novela gráfica, construida con historietas macabras a la par que divertidas y llamativas, sin un hilo estilístico ni narrativo más que el paso de la vida de este Putokrio, es un ácido y cruel retrato de la dura infancia y adolescencia de un joven medio en los años 80. Un retrato dramatizado, obviamente, de la vida de Jorge Riera, un guionista que hace lo que quiere, cuando quiere y cómo quiere, por lo que nunca puede dejar de hacer cosas, ni siquiera puede terminar la historia de su alter ego en este libro.

GONZOO: ¿Cómo se te ocurrió el personaje de Putokrío?
JORGE RIERA: Putokrío nace de la decepción de trabajar como guionista en televisión escribiendo chorradas para series como Cámera Café o canales como Comedy Central. Aunque eran divertidas, en el fondo no me importaban ni lo más mínimo. Necesitaba poder escribir mis propias historias y sentir que podían ser capaces de sacudir al público. Necesitaba escribir una comedia sin límites ni cortapisas de formato o tono. Una comedia irreverente, triste, negra, surreal... hacer lo que me saliera de los cojones, vamos.

Putokrio1

G.: ¿Putokrío tiene mucho de autobiográfico o es más una deformación de la vida actual de un artista fracasado?
J.R.: Putokrío es un álter-ego de mí mismo. Algo así como el Chinaski de Charles Bukowski. Hay mucho de mí en sus aventuras, pero no se trata de historias cien por cien autobiográficas. Muchos de los episodios que relato son abiertamente fantásticos. Otros, por mucho que me pese, son bastante reales y sirven como terapia para alejar mis demonios. Soy un poco exhibicionista, qué le voy a hacer.

G.: Para la novela gráfica has contado con un montón de colaboradores, dibujantes que han participado en la confección del mismo. ¿Por qué decidiste hacerlo así?
J.R.: Por un lado mi inspiración fue el 'American Splendor' de Harvey Pekar, un autor pionero del cómic autobiográfico cuyas historias estaban dibujadas por diferentes autores, entre ellos el mítico Robert Crumb. Por otro fue una cuestión práctica: un solo dibujante se hubiera tirado dos años dibujando el cómic. Veinte lo hicieron en pocos meses. También confieso que el ego me pudo e intenté hacer una obra que reuniera a todos mis dibujantes favoritos, algo que al tener entre manos me provocara un orgasmo espiritual y físico.

G.: ¿Existe mucha amistad y colegueo en el mundo del cómic, o todo es postureo?
J.R.: No me interesa pertenecer ni a una secta, ni a una tribu urbana, ni a un gremio profesional. Es la única forma de mantener intacta mi individualidad y de no perder el rumbo. En los últimos veinte años me he movido por diferentes ambientes: el del cómic, el cine, la televisión, el periodismo... y en ninguno me he integrado. Y claro, así me va... Desgraciadamente para medrar en este tipo de mundillos hay que chupar muchos culos y hacer demasiadas cosas que están alejadas del mero oficio de la creatividad.

G.: Putokrío ha ido cambiando desde el crítico con la vida moderna de la animación al personaje mucho más crudo y realista del cómic. ¿Por qué esta evolución?
J.R.: Putokrío es más que un personaje, es mi marca. Y es una marca mutante en constante evolución. No hay una continuidad totalmente coherente entre distintas encarnaciones y según el medio se adapta. La novela gráfica explora mis sentimientos más reales y el tono cómico-introspectivo en el que más cómodo me siento; sin embargo, la serie para 'Alaska y Coronas' se ajustaba a la necesidad del programa de sustituir a Enjuto Mojamuto. Lo mismo pasa con la sección de 'Mongolia', que trata temas relacionados con la sátira sociopolítica marca de la revista.

Putokrio2

G.: ¿Cuántas encarnaciones ha tenido Putokrío?
J.R.: En los 15 años de vida del personaje, Putokrío ha tenido múltiples encarnaciones: comenzó como una serie de fotomontajes que publicaba en revistas y webs; luego pasó a ser un guión cinematográfico encargado por el productor de Torrente y El día de la bestia; más tarde se convirtió en dos series de cortos de animación para el espacio de animación adulta de TNT, 'Adult Swim', y el programa Alaska y Coronas de La 2... Sus últimas encarnaciones han sido en el mundo del cómic.

G.: Acabas de sacar nuevas tiras cómicas de Putokrío, ¿de qué va Putokrío.me?
J.R.: Putokrio.me es un webcómic en forma de tiras de cuatro viñetas a lo 'Calvin y Hobbes' que sigue al personaje durante cuatro etapas diferentes de su vida: de ser un niño esquizofrénico que ve demonios pasa a ser un acosador escolar; de ahí a ser un artista fracasado con tendencia a la botella ,y finalmente un anciano que asesina a jubiladas. La etapa infantil la dibuja Àlex Red, la juvenil Daniel García, la madurez, Josep F. Rico y la vejez, Juaco Vizuete. No hay día en que no me levante y le dé gracias al cielo por poder colaborar con semejantes titanes del noveno arte.
G.: ¿Hasta dónde te gustaría llegar con este personaje? ¿Algún día te cansarás de tu alter ego o esperas seguir con sus historias hasta la jubilación?

J.R.: No me importaría que Putokrío me acompañará siempre. Tengo muchas ideas para el personaje y, del mismo modo que yo evoluciono en mi vida, él evolucionará hacia derroteros novedosos, inesperados y diferentes. Mi trabajo como guionista audiovisual me permite escribir otras cosas, así que no temo al cansancio ni al encasillamiento. Además me encantaría ver a ese pequeño cabroncete convertido en un viejo verde centenario.

G.: Esta vez has optado por difundir tu trabajo por internet y redes sociales ¿por qué? ¿Qué ha significado para tu trabajo este medio?
J.R.: Difusión, promoción, interacción, comodidad... Aunque al final tengo la sensación de que solo sirve para que te lean los mismos cuatro gatos de siempre. Somos demasiados creadores independientes tratando de dar a conocer nuestra obra y se produce un efecto de dispersión y saturación. Sinceramente, las redes sociales me han servido para cosas mucho más importantes que hacer tebeos: gracias a Facebook conocí a mi actual novia y gracias a las redes sociales no me aburro demasiado las doce horas diarias que paso delante del ordenador.

Putokrio3

G.: La ilustración y el cómic vive un momento muy dulce, con un montón de autores con miles de seguidores en internet y con libros que se convierten en éxitos de ventas en cuanto salen. ¿Por qué crees que el cómic se ha puesto tan de moda? ¿Qué te parece que haya viñetistas muy jóvenes o inexpertos que de repente son aclamados como auténticos genios?
J.R.: Si el cómic está de moda o no me es absolutamente indiferente: yo sigo teniendo la misma repercusión que cuando empecé hace casi dos décadas, es decir, muy limitada. Del mercado español actual me interesan muy pocas cosas, y menos en lo que a humor se refiere. Veo un público poco exigente y unos nuevos autores a los que el éxito inmediato les acomoda en un tono tipo que podría ser intercambiable entre unos y otros. Mis referentes están en otra época o fuera de nuestro país: Hideshi Hino, Peter Bagge, Daniel Clowes, Vázquez, Berlanga...

G.: Has dirigido revistas, guionizado series de televisión, escrito ensayos, colaborado con todo tipo de publicaciones y programas... ¿La vida del guionista es muy jodida? ¿Qué recomendarías a un chaval que quisiera vivir de escribir cómics?
J.R.: Si alguien sueña con ganarse la vida como guionista de cómics, le recomendaría que se buscara otro trabajo. En España apenas hay mercado y los contados casos que logran vivir de la novela gráfica, también son dibujantes. Mis veinte años de experiencia en el mundo de la escritura me han enseñado que para sobrevivir dedicándote a la palabra tienes que hacer de todo: artículos, traducciones, guiones, publicidad... debes ser polivalente, hoy por hoy es la única forma de dedicarte profesionalmente a esto.

G.: También eres el adaptador de series como Hora de Aventuras e Historias corrientes, ¿crees que Putokrío tendría un hueco en alguna de esas series de culto? ¿Te molaría ver a tu personaje en una historieta con Finn y Jake?
J.R.: Me temo que las aventuras de Putokrío no encajarían muy bien en el mundo infantil de Jake y Finn. Conociéndole como lo conozco acabaría invitándoles a un macrobotellón en el jardín de la casa del árbol o algo peor. En cualquier caso es un placer adaptar estas dos series de la factoría Cartoon Network. Ambas son obras maestras de las que se puede aprender mucho. Ojalá Putokrío alcanzara su éxito, pero siendo realistas me temo que eso es prácticamente imposible. ¡Vivimos en Españistán, chavales!

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jueves, 5 de mayo de 2016

Arte y cómic


Mauro Entrialgo, autor y contador de historias que elige el formato del tebeo como habitual para contar sus cosas contables, nos habla en esta charla sobre el asunto del arte y el cómic.

jueves, 14 de abril de 2016

El saqueo con tebeos

El dibujante (entre otras cosas) Mauro Entrialgo acaba de comenzar con este blog de humor gráfico que describe así: viñetas con dibujos robados sobre personas que nos han robado cosas mucho más importantes.

El blog en cuestión se titula "El saqueo con tebeos", y podéis verlo pinchando aquí.


miércoles, 17 de junio de 2015

El Chamuco TV

Los compañeros moneros de El Chamuco y los hijos del Averno estrenan un programa de televisión en el canal digital Rompeviento.

El Chamuco TV se emite cada martes a las 20:00 (hora mexicana), aunque puedes ver el programa cuando quieras aquí.


El Chamuco TV -09 de junio 2015- Cuarto programa from Rompeviento Tv on Vimeo.

Ni puta gracia (sobre los límites del humor y su contexto)

Este artículo de Dario Adanti y publicado en la sección Zona Crítica de eldiario.es habla de los límites del humor en relación a los sucesos acontecidos al concejal madrileño Guillermo Zapata en los últimos días.

Me piden una reflexión sobre el humor, ahora que el caso Zapata es tema de debate en los medios. Pero yo no voy a hablar del caso Zapata, voy a hablar del humor. El suyo es uno más de tantos casos paradójicos relacionados con el humor que es, paradójicamente, un juego de paradojas.

¿Tiene límites el humor? Me preguntan, y respondo: "Sí, los tiene, aunque debería no tenerlos".

Lo he dicho a menudo: el humor es un género de ficción y la ficción debería ser, para nosotros, mortales, ese lugar sin límites.

He reflexionado en un cómic que publiqué en el especial de verano de Mongolia del 2013 sobre el humor negro: ¿acaso tiene límites la creación de la tragedia, de la épica, de la aventura, de la poesía? No. ¿Por qué debe tener limites el humor, que también es ficción?

Me dirán: un chiste puede causar dolor.

Es verdad, pero es un dolor mínimo, un dolor pasajero, un dolor casi virtual.

Sí, me responderán, pero es dolor.

Claro, es dolor, y si a alguien le ha dolido, se pide perdón y la vida sigue con otros dolores que no son ni tan virtuales, ni tan pasajeros, ni tan mínimos.

El humor, hecho para el placer, puede causar, también, dolor, y, a la vez, sirve, paradójicamente, para olvidar a estos otros dolores más notorios.

Un chiste puede ofender, me dicen.

Es cierto, pero, ¿cómo valoramos la ofensa y la sensibilidad hacia la ofensa? ¿Cómo la medimos? ¿Cómo la cuantificamos?

Sólo podemos creer en la palabra y la sinceridad del que se dice ofendido. No tenemos más pruebas que esa.

¿Cómo saber si el autor del chiste pretendía dar placer o causar dolor?

Sólo podemos creer en la palabra y en la sinceridad del que ha hecho el chiste. No tenemos más pruebas que esa.

Lo he dicho otras veces: el humor es como el sadomasoquismo, un juego entre partes que aceptan jugar a ese juego.

Hay un contrato tácito entre lector y autor, espectador y actor, ama y esclavo: ambos saben a qué se jugará y ambos pactan los límites de su juego.

Por cierto: el sadomasoquismo también duele un poco, como el humor.

Lo que debe tener límites es todo aquello que no es ficción: "Por sus actos los conoceréis"… O algo así decía uno de los protagonistas de una mis novelas de ciencia ficción preferidas y que se llama La Biblia (VVAA).

Me dirán: pero la ficción también es un acto.

Es cierto...

Entonces puedo concluir que lo que debe tener límites no es el humor sino el cuándo y el dónde de la representación del humor como acto.

Es decir: lo que limita al humor es su contexto.

Ese, amigas y amigos, es su límite.

Seamos sinceros: follar es una cosa maravillosa que no sólo no tiene nada de malo sino que, además, tiene todo de bueno. Bien, pero, sigamos siendo sinceros: no está bonito ponerte a follar frente al ataúd de tu abuelo en pleno velorio...

No es el acto de follar lo malo, es su contexto lo que lo vuelve conveniente o no para los otros, que se convierten sin quererlo en espectadores de algo que no han convenido presenciar.

Lo mismo pasa con el humor.

Este viernes pasado presenté el magnífico libro de Amarna Miller Manual de Psiconáutica (ed. Lapsus Calami), y en la presentación me permití comparar a la pornografía con la sátira. Comparé sexo y humor. La risa y el orgasmo tienen mucho en común. De hecho yo soy de esos que después de un buen orgasmo les entra la risa tonta. Algo que, por otro lado, no le contaría a mi abuela en el velatorio de su difunto marido..

Ambos, sexo y humor, son de esos pocos juegos que nos permitimos jugar los adultos.

Y ambos, sexo y humor, necesitan un contexto previamente pactado que, en ambos casos, se da de forma espontánea: decido ver, leer, seguir, escuchar, besar, mirar, asistir, tocar, dejarme mirar, dejarme tocar, dejarme leer y un montón de otras voluntades.

También puedes no ver, no leer, no comprar, no seguir, no besar, no asistir, no dejarte leer ni tocar ni besar... Resumiendo: no firmar el contrato.

Entendamos primero algo básico del humor que nos viene desde que éramos homínidos: el humor es el territorio del aprendizaje sin riesgo y la risa es la forma involuntaria en que demostramos que comprendemos el juego. Un mono se ríe y le pega una hostia a un mono más pequeño y el mono pequeño entiende que no está en peligro su vida, que esa hostia es un juego y que ese juego le servirá como entrenamiento para cuando alguien le pegue esa otra hostia que no lleva risa asociada y que ya no es juego.

Visto de fuera, cualquiera puede pensar que el mono grande le está pegando, de verdad, al mono pequeño.

La risa de ambos es la firma del convenio.

Una curiosidad: la risa y el bostezo tienen en común que ambos son dos actos reflejos que se contagian. Las dos son formas de ponernos en sintonía con el resto de la manada. El bostezo indica que es hora de que durmamos, la risa indica que es hora de que juguemos. Así somos los homínidos de sociales y dependientes unos de los otros. Si no te ríes con nosotros, si no bostezas con nosotros, entonces puede que pertenezcas a otra manada. No tiene nada de malo, la variedad humana es admirable y podemos convivir muchas y muy distintas manadas en esa gran manada que somos los seres humanos.

Sobre el contexto: un chiste sobre el holocausto contado por una víctima del holocausto significa una cosa, el mismo chiste contado por un nazi, significa otra.

Sí, el señor McLuhan sigue teniendo razón: el medio es el mensaje.

Y cuando no hay medio, el medio es uno mismo.

Es así, el principio de autoridad siempre facilita la comprensión del chiste porque sitúa ideológicamente al humorista de un lado u otro del chiste.  Pero no podemos trazar un Rubicón del humor con base en el principio de autoridad porque sería como pedirle a los escritores de aventuras que ellos mismos hayan sido previamente aventureros.

No, el principio de autoridad, como otras fórmulas, es eso, una fórmula práctica que puede hacer más comprensible el texto y ponerlo de forma más rápida en contexto pero, como toda fórmula, no debe ser tomada como dogma porque el dogma es territorio de la fe y el humor pertenece a las tierras del descreimiento.

Además, convengamos, el pecado del nazi no es el chiste, es ser nazi. El chiste, en su caso, es una reafirmación cruel de su pecado contra su propia especie, no el pecado en sí.

El problema de sacar chistes de su contexto es que dejan de ser chistes, es como ir a buscar a unos que están follando en privado y arrastrarlos sin su consentimiento al velatorio de tu abuelo para luego señalarlos y acusarlos de impudicia.

Impúdico es el que ha sacado a aquel juego de contexto porque ha matado lo que tenía de juego.

Sobre el contexto: yo no quiero que, viendo lo que pasa en la valla de Melilla, el ministro del Interior cuente un chiste de humor negro sobre los inmigrantes. Pero no por el chiste en sí, sino por su contexto.

Creo que cualquier persona tiene derecho a ejercer el humor sobre cualquier tema incluyendo chistes negros sobre inmigrantes: lo que importa es el contexto.

Sobre el contexto: a pesar de que yo sí juzgo al ministro del Interior por su inhumanidad con coartada numérica, no seré yo el que lo juzgue por un chiste sobre la inmigración que haya hecho muchos años antes de ser ministro. Me la trae floja lo que haya hecho antes, pero me importa mucho lo que haga como ministro.

Esa es mi reflexión sobre el humor y sus límites. Pero no soy dueño de ninguna verdad. Y así como el que soy hoy opina distinto del que fui ayer, puede que mañana opine distinto de lo que opino hoy.

Como en el humor, la opinión y el tiempo también forman curiosas paradojas.

Y como conclusión final, un chiste físico que intentaré adaptar al lenguaje escrito:

Un loco va caminando por la calle y para a un transeúnte.

El loco levanta su mano derecha con el dedo índice extendido, lo mueve en círculos de dentro hacia afuera y le pregunta al transeúnte:

"¿Sabes usted lo que es esto?".

"No", responde el transeúnte.

Entonces el loco empieza a mover el dedo índice en sentido inverso, es decir, de afuera hacia dentro, y dice:

"¡Ah! Entonces me lo guardo"...

Lo mismo pasa con el humor...

Por cierto, una vez le conté este chiste a un amigo y me dijo que no le hacía ni puta gracia.

"Entonces me lo guardo", le dije, y tan amigos.

FIN

Nota: si ya han leído otras opiniones mías sobre el humor y creen que aquí he repetido algunos conceptos, que sepáis que eso, en nuestra jerga de humoristas, se llama chiste recurrente...